jueves, 12 de enero de 2012

¡Todo era amor... amor!
No había nada más que amor.
En todas partes se encontraba amor.
No se podía hablar más que de amor.

Amor pasado por agua, a la vainilla,
amor al portador, amor a plazos.
Amor analizable, analizado.
Amor ultramarino.
Amor ecuestre.

Amor de cartón piedra,
amor con leche... lleno de prevenciones,
de preventivos; lleno de cortocircuitos,
de cortapisas.

Amor con una gran M,
con una M mayúscula,
chorreado de merengue,
cubierto de flores blancas...

Amor espermatozoico,
esperantista.
 Amor desinfectado, amor untuoso...

Amor con sus accesorios,
 con sus repuestos;
 con sus faltas de puntualidad,
de ortografía; con sus interrupciones
cardíacas y telefónicas.

Amor que incendia el corazón
de los orangutanes, de los bomberos.


Amor impostergable y amor impuesto.
Amor, incandescente —y amor incauto.

Amor indeformable.
Amor desnudo.
Amor-amor que es, simplemente, amor.

Amor y amor... ¡y nada más que amor!

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