viernes, 5 de diciembre de 2014

One of many reflections on working with Highland Partners, Guatemala

I spent two amazing years working with AMA/HiP (Asociacion de Mujeres del Altiplano and Highland Partners) as a guide and interpreter for Highland Partner’s (HiP) volunteer service learning groups. I saw firsthand the impact of HiP/AMA’s interventions on international volunteers. These projects create lasting change for the communities they serve. Here are some of my thoughts on why HiP’s interventions are the best I’ve seen. HiP’s work in the Guatemala Highlands is based on development theory, academic research and more than 20 years of experience. HiP’s mission is to ”create models of cross-cultural exchanges that disrupt cycles of dependency, support sustainable development and empower individuals to be active agents of change in our world.” In Guatemala, HiP empowers Maya indigenous women, increasing community resilience in Guatemala’s Western Highlands against the adverse effects of rapid climatic, economical, social and cultural change.
Since Guatemala’s civil was ended in 1996, the Western Highlands experienced an influx of aid and development initiatives by national and international agencies, as well as nongovernmental organizations (NGOs). By offering short-term handouts, many well-intentioned initiatives accustomed communities to rely on outside help rather than building local capacity to find sustainable solutions to local needs.

The projects offered through HiP’s service learning programs provide tools and knowledge to up-skill build capacity and transfer knowledge to local communities. Volunteer teams leave, but the new tools and knowledge remain.  Returning to visit communities months and sometimes years after, I found the solutions built in partnership with HiP service learning groups were used and valued. I have listened to many stories of a smokeless cook stove transforming a family’s life. On countless days I opened the door at AMA’s office to families wanting to participate in AMA’s projects after seeing the impact it had on their neighbors’ life. I have watched women’s ambitions go from homemaker to entrepreneur as their self-confidence rose. I’ve watched these aspirations develop through participating in AMA’s mutual support networks called Women’s Circle and the fair trade textile enterprise, Pixan, which employs over 100 women in productive work. Nothing is more satisfying than seeing a change that you helped create.

Indigenous Maya women lead and run AMA. This is what makes AMA unique. It is rare to see indigenous women compose an organization’s leadership. It is even less common in Guatemala for an organization to employ women from the communities it serves. Paula, one of AMA’s Community Facilitators, began as a Women’s Circle member. She then began working with AMA’s fair trade enterprise, Pixan. That was when AMA realized her potential as a community leader. AMA’s organizational structure reflects HiP’s mission: effective and sustainable change comes from within the community itself.
I had not anticipated witnessing the personal transformation of hundreds of volunteers. The evening lectures HiP offers to volunteers was a critical component of this. The lectures covered a variety of themes, from Mayan cosmovision, to the impact of international gold mining on Mayan communities, to Mayan medicine or Guadalupe’s life story, the founder of AMA. The effect of these lectures was profound, for myself included. HiP works with highly respected experts in the field who offer a historical, cultural, economic and political context for the volunteers’ experience. This is where the transformation extends beyond Guatemalan communities: HiP strives global impact in their work. The educational aspect of the service learning program raises awareness about the global policies and consumer cultures affecting the communities HiP serves. The aim is that volunteers return home enlightened and empowered to share their experiences with their family, friends and wider community to amplify AMA’s work across borders, recruit more volunteers, and be a part of the global impact. This gives me hope that we can make positive changes both within and beyond Guatemala’s borders.
However, while we work towards a more systemic change I comfort myself with the words of Helen Keller, who said “I am only one, but still I am one. I cannot do everything, but still I can do something; and because I cannot do everything, I will not refuse to do something that I can do.”

I know that HiP’s work makes a real difference to the communities I served. I challenge you to experience the transformation for yourself.
http://highlandpartners.org/category/resureces/ethics-theory-and-practice/

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Análisis de mi poema 'Xela como me hace falta'

Escribí este poema acerca de mi vida cotidiana en Quetzaltenango (Xela) en Guatemala. Quise describir las cosas pequeñas que acontecían en un día normal. Al escribir el poema pude reflexionar en aquellas cosas que tomaba por hecho que llenaban mis días con sentido y alegría. Creo que me doy cuenta de tiempos felices cuando estoy recordando épocas de mi pasado con nostalgia. Muchas veces no nos damos cuenta que somos felices hasta que el momento o época pasó. Creo que este es uno de los temas de mi poema.

La rutina es útil para establecer conexiones con un lugar. Creo que mi vida allá tenia mas sentido aunque no había muchas diversiones como en Londres.


Además, quería resaltar en las tradiciones de Xela, las escenas típicas y el paisaje de la ciudad en vez de enfocarme en personajes conocidos; ellos merecen su propio poema o discurso; no quería juntarlos. El día cotidiano merece si propio poema porque aunque las personas que conocí en Guatemala me influenciaron tanto, el país en si me impacto por su belleza.

domingo, 30 de noviembre de 2014

http://www.theatlantic.com/health/archive/2014/06/happily-ever-after/372573/?single_page=true

viernes, 14 de noviembre de 2014

Xela como me hace falta

Extraño su luna y como los rayos brillan en los charcos de las calles que iluminan mi camino en el desierto de la media noche.

Extraño como la neblina cae por las atardeceres, enrodándonos como un ponche de protección del frío.

Extraño caminar en el silencio de la madrugada, disfrutando la ilusión de tranquilidad, un momento fugaz antes de que todos se despierten.

Extraño las subidas y bajadas extremas de Baúl que sirven como una metáfora de la vida allá en Guatemala, alto o bajo, todo o nada: sin balance.

Extraño pasar por las nubes en la subida a Baúl, mirar hacia abajo a la manta que cubre la cuidad escondida de la luz del nuevo día.

Extraño como me cuesta respirar en la cima, como jamás puedo llenar mis pulmones con el aire necesario, y así quedándome con ganas de intentar de nuevo.

Extraño hacer la bajada con más ánimo para seguir con el día, lista para la lucha de trabajo y los problemas que me esperaban en la oficina.

Extraño pasar al lado del señor del jugo que me pregunta al diario ‘jugo hay jugo’ y cada día lo niego, pasándolo corriendo sin parar.

Extraño ir al mercado y admirar el arco iris de colores, atrayéndome a comprarlo como si fuera dulces a la venta.

Extraño tener el peso de un avocado redondo en mi mano, como si mi palma fuera hecha solamente para tenerlo tiernamente, así.

Extraño el ruido de la licuadora destructiva que llena el ambiente con ruidos de dulce productividad.

Extraño meter mis manos en una canasta de frijoles y el sonido que suena como monedas cuando muevo la selva de semillas negras.

Extraño la alegría de encontrar tres cartuchos perfectos en un cubo en la salida, sus pétalos sin manchas del viaje, su perfección un reflejo de la belleza de la vida.

Extraño el sonido de la campana anunciando la venta de helados, medio tibios, y tintados un amarillo resplandeciente acercandome en el parque.

Extraño el ‘poc poc poc’ de las gallinas de madera comiendo su maíz imaginario, nunca se cansan de la rutina infinita como su dueño al acecho de los potenciales compradores.

Extraño acercarme al niño del parque para comprar un cigarrillo en los momentos de debilidad, nunca esperé una sonrisa, sé que la vida le ha quitado demasiado, para dar el ultimo que tiene a un desconocido.

Extraño el chisporroteo de las pupusas cocinandose encima de un fuego fuerte, extraño hasta la cola que nunca se formaba y el picante que siempre me dejaba con parásitos, no aprendo negar mis tentaciones.

Extraño el refugio de su iglesia al lado, un rato de meditación, mirando a la gente orando, sufriendo, recordándome que hay mucha gente pasándolo mucho peor que yo en un día estresante de trabajo.

Casi extraño el ‘ch ch ch’ de los hombres en las calles, molestándome; a lo menos notaban mi presencia y me ofrecían un saludo.


Extraño sentirme en casa en un país tan lejano y diferente que el mío mientras soy una extranjera en mi propio país.