domingo, 18 de diciembre de 2011

el poder de la razón

Orfeo y Flora, diáfanos, sin excesos,
con sus frutos coronaban la estadía
que mi mano en tu fina cintura hacía,
cuando la marimba ebría de embelesos,

entre aroma de pinos y cerezos,
tu corazón y mi corazón unía.
Fueron horas de irrevocable alegría
!En tus labios sólo cabían mis besos!

Entones, tu cabeza sobre mi hombre,
yo acariciaba, y tu voz, con asombro,
los mirlos repetían, cuando tu cuerpo

rodeaba con mis brazos. Sin frenesí,
la vida a nuestro amor siempore dijo; sí.
Dejé todo, y ahora estoy solo en el puerto.

Roberto Sajquim Monzón.

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